Durante mis viajes de estas últimas semanas por Europa y Asia y mi posterior regreso a China he observado algunos contrastes bastante chocantes. Tanto que me han dado que pensar sobre la situación económica internacional, y he decidido que es el momento de escribir algo un poco mas serio sobre el tema.
Dos maneras distintas de ver el mundo
Estuve en Europa por última vez la semana que los Lehman Bros. se declararon en bancarrota. Aunque preocupante, la noticia no parecía sorprender a nadie. Desde antes del verano ya se veía venir la crisis. Mi amigo el del concesionario hacia tiempo que no vendía un coche, las hipotecas subían para todos, y los gobiernos que no estaban en campaña electoral llevaban ya tiempo avisando de lo que venia.
Esa misma semana, durante un congreso en Lyon, el americano invitado de la consultoría estratégica salio al estrado a hacer una presentación de las perspectivas del sector hasta 2010. Saco un powerpoint muy profesional, con unas curvas multicolores que recordaban vagamente a los toboganes de un aquapark. Los delegados de los demás países bostezaban aburridos, y solo los asiáticos, Nueva Delhi, Kuala Lumpur, Shanghai, tomábamos nota preocupados.
Y es que toda la experiencia europea contrastaba fuertemente con lo que había vivido y sigo viendo en China. La crisis aun no ha llegado aquí, nadie está preocupado. Los taxistas del aeropuerto, que de economía saben un rato, ni mencionan la palabra crisis. A nivel empresarial el contraste es aun mayor. Mis clientes, que desayunan con el Wall Street Journal cada mañana, no sólo no están inquietos sino que miran al futuro con renovado optimismo. El vaso medio vacío por aqui se ve muy lleno, y saben que una gran crisis (危机) es una gran oportunidad(机会). En chino, un lenguaje muy intuitivo, las dos palabras comparten un mismo caracter.
La Gran Muralla de China
La idea dominante por aquí es la de la Gran Muralla China: no pasaran. Gracias a su sistema financiero que se ha resistido a plegarse al molde occidental, los chinos están convencidos de que la crisis no les va a afectar. Además, tienen referencias bastante recientes, como la de la crisis financiera del 97, que se llevó por delante las economías de los Tigres asiáticos y paso sin tocar al imperio del medio, el único lo suficientemente fuerte o inteligente para ignorar los consejos occidentales, dispensados por el todopoderoso chapucero FMI.
La prensa china ya hace tiempo que habla de la crisis, pero siempre como algo ajeno y en clave positiva, como este articulo del Asia Times, o los del optimista Jeffrey Liang, del Asian Development Bank, que colabora en China Daily. En general, los artículos se dividen entre los que sostienen que China debe apoyar la economía mundial siendo el baluarte de la estabilidad ante los irresponsables inventos financieros anglosajones, y los que llaman a aprovechar esta época de rebajas para salir a la compra de empresas occidentales con las reservas de dólares que China ha ido acumulando durante años.
Por supuesto, los chinos se dan cuenta de que les va a fallar el mercado, pues una buena parte de su PNB esta basada en la exportación. Pero tienen en la manga dos factores que confían serán suficientes para asegurar el mínimo de crecimiento vital para el sistema: Por una parte, la inmensa inversión en infraestructuras que siguen extendiéndose como tentáculos hasta los confines del país. Por otra, el desarrollo del mercado asiático para suplir la demanda occidental.
En vista de todo esto, las nuevas prioridades de los tecnócratas de Pekín, como nos han expuesto en la conferencias de esta semana, son las siguientes: 1- desarrollar el mercado asiático para asegurar una salida a la producción. 2- aprovechar lo mas duro de la crisis para invertir a precio de ganga en empresas occidentales sedientas de capital, y conseguir por esta vía el desarrollo de verdaderas empresas internacionales, con un acceso a la tecnología y al know-how mucho mas directo que el obtenido de la inversión extranjera en China.
La Gran Muralla China, el mito que durante milenios ha definido al pueblo chino, vuelve a nacer en forma de barrera financiera. Y, escudados tras ella, los hijos del dragón piensan recuperar toda la gloria de otras épocas.
Beijing tomada
Sin embargo, hay señales que indican que los planes de Pekín podrían no salir tan redondos como los presentan. En primer lugar, aunque el sistema financiero chino sea mucho mas conservador que los occidentales, no esta claro que sea un buen sistema. Varias inversiones fallidas en los últimos años lo han puesto en evidencia. Y la propia opacidad típica del funcionamiento de las grandes empresas chinas, siempre a la sombra de los cuadros del partido, no da precisamente las mejores garantías.
Además, con la crisis empieza ya a notarse la bajada en ventas a los principales importadores, USA y Europa. Parece dudoso que el mercado asiático pueda desarrollarse a ritmo suficientemente rápido para compensar el descenso. A la hora de la verdad, los dirigentes chinos saben muy bien que están solos: el mercado asiático hoy día es solamente China. Los demás países con masa crítica, India e Indonesia, están estrangulados por sus deficientes infraestructuras y no podrán a corto plazo dar el salto que China necesita para absorber el incremento de su producción.
A esto hay que añadir que la economía china, con todo su milagro económico en curso, tiene aún serios problemas estructurales, en parte derivados del sistema político, como los que Will Hutton expone de manera brillante en su libro “The Writing on the Wall”. La falta de infraestructura “soft”, como llama al conjunto de características de la sociedad civil necesarias para el funcionamiento de una economía de mercado, hace de china una economía muy vulnerable. Es sintomática, por ejemplo, la total falta de marcas de prestigio internacional, o los numerosos casos de mala gestión, como el reciente de contaminación de la leche infantil.
Pero hay un aspecto mucho mas preocupante, y que deriva precisamente del efecto Gran Muralla. Históricamente, la Muralla China no ha podido detener las invasiones de los bárbaros, y en cierto modo ha tenido un efecto negativo en el resultado final. El pueblo Han protegido por la muralla se acomoda, se siente invulnerable y da la espalda al Norte. En 1644, cuando los Manchúes pasan por Shanghaiguan, les toman a todos por sorpresa, Pekín cae en cuatro días, y el ultimo emperador Han se cuelga de un árbol en la Colina del Carbón, justo detrás de su Ciudad Prohibida. Esto es Historia. Pero es una historia que se ha repetido muchas veces en China, y que puede revivir bajo una nueva forma en el siglo XXI.
Es bien sabido, y el milagroso desarrollo de los últimos 30 años lo demuestra, que la economía china está guiada por un cuerpo de tecnócratas que saben muy bien lo que tienen entre manos. Y no cabe duda de que en Zhongnanhai tienen preparado un plan B, y la eventual llegada de la crisis no los pillara por sorpresa. Pero por desgracia parece claro que por mucho que se preparen, si a corto plazo la crisis se presenta con fuerza, el margen de maniobra de China esta muy limitado por su propia estructura.
El problema es que la gran mayoría de los chinos, a diferencia de los occidentales, no están preparados para afrontar una crisis. Desde el fin de la Revolución Cultural, solo han conocido 30 años de crecimiento continuo. El pueblo chino lleva en silencio desde el verano del 89, en que comprendió por la fuerza del Ejercito Rojo que valía mejor estarse callado y dejar que el país se hiciera rico. Desde entonces han aguantado injusticias, corrupción y una desigualdad creciente a cambio de una notable mejora en las condiciones materiales. El día que estas condiciones fallen, por el paro, la hiperinflación y otros hijos de la crisis, el pacto de silencio se habrá terminado.
A diferencia de nuestros gobiernos, el chino no podrá escudarse ante la situación económica internacional que su propio pueblo no comprende. Y toda su legitimidad, que depende del desarrollo económico y del dudoso legado de Mao puede desvanecerse de la noche a la mañana. China necesita un mínimo de crecimiento anual para dar trabajo a la masiva ola de campesinos que se están mudando a las ciudades, la mayor migración de la historia de la humanidad, que esta ocurriendoí ante nuestros ojos. Los dirigentes lo saben muy bien, y el 7.5% de crecimiento anual que marcan como objetivo en el 11 plan quinquenal es probablemente lo mínimo que calculan para que salgan las cuentas.
Si la Muralla cae en estas circunstancias, igual que en la época Ming, el efecto psicológico puede ser devastador. Y una vez desatada las fuerza de los mil millones, los tecnócratas no tendrán otra vía que la de la Colina del Carbón.
Las posibles consecuencias
Estamos ante un momento clave en el proceso del desarrollo de China, que marcará profundamente la evolución de la humanidad en el siglo XXI. Este año 2008, el del 30 aniversario del comienzo de las reformas de Deng, marcado por toda una serie de catástrofes y con el colofón de los Juegos Olímpicos, bien podría ser el año en que cambie todo. En la tradición china los grandes desastres naturales, y en particular los terremotos, son anunciadores de cambios políticos. El último terremoto fue, precisamente, en el año 76.
Pase lo que pase, resista o no resista la Gran Muralla China, la crisis internacional precipitará muchos cambios, y los demás habitantes del mundo haremos bien en prestar un ojo atento a lo que ocurra en China, porque tendrá un efecto de primer orden en nuestras vidas.
Si la Muralla se sostiene, los occidentales tendremos que aceptar de una vez la validez del sistema chino. El capital chino atado hoy en dólares americanos saldrá de paseo por el mundo. Aprovechando las oportunidades de la crisis, la economía china dará el salto que le falta y, bajo la sólida tutela de un régimen legitimado por su éxito, acelerara su progresión directa a primera superpotencia. En un plazo muy corto nuestras marcas, nuestros trabajos, nuestros estudios, nuestros jefes… todo puede volverse chino.
Si la Gran Muralla se derrumba, en cambio, la economía china puede sufrir un rápido deterioro, con inmediatas consecuencias sociales y políticas que arrastren al resto del mundo a una crisis que puede ir mas allá de lo económico. Las consecuencias en este caso son mucho menos predecibles, y solo una sólida colaboración internacional y la mutua comprensión y tolerancia entre los pueblos podrá hacernos evitar consecuencias desastrosas.
Y entonces, la crisis va a venir o no?
Los mas grandes economistas de la historia, empezando por Keynes, siempre han fallado a la hora de predecir las crisis, y se les ha dado mejor analizarlas a toro pasado, hallando generalmente que todo estaba muy claro. Las crisis económicas son imprevisibles por definición, y por lo tanto no voy a tratar de adivinar aquí si la Gran Muralla resistirá o no a la llegada de los bárbaros.
Por suerte no trabajo de economista, sino que me dedico a hacer proyecciones a 2 años de inversiones industriales. En esta posición, la teoría económica es de poca utilidad, y los dados nunca están demasiado lejos de mi bolsillo. Mis respuestas ante un dilema son tan rápidas y certeras como el cliente desee verlas.
El dado esta lanzado, pero mis resultados de hoy me los guardo. Que cada uno lance el suyo, y que se haga pronto a la idea de que, salga lo que salga, se encuentra posiblemente en un momento clave que marcará el orden mundial del siglo XXI.

Con el viejo Liu, en la muralla de su infancia